viernes, 25 de mayo de 2007

VERBO FLUIDO Y PLUMA FÁCIL | Harold Segura

Aparecida, 25 de mayo de 2007

Siempre he admirado la oratoria de la mayoría de los sacerdotes y su facilidad para escribir. Con mayor razón si se trata de Cardenales u Obispos quienes tienen una formación académica exquisita y han gozado de privilegios que pocos tienen, por lo menos por estas tierras de Colón. Muchos de los que participan en esta Conferencia leyeron a los clásicos en su idioma original; a Cicerón en latín y a Aristóteles en griego; no pocos a Pascal en francés, a Bacon en inglés y a Hegel en alemán. Conversando con uno de los obispos españoles me contaba que aprendió el griego clásico antes que el griego bíblico (koiné), y que estudió en latín mientras era auxiliar de un párroco en Suiza. Cuentan con mucha naturalidad sus estudios a la sombra de Karl Rahner, Yves Congar, Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar e incluso del mismo Joseph Ratzinger cuando era profesor en la Universidad de Bonn. De estas mismas fuentes bebieron y de estos privilegios gozaron también muchos de los Padres de la teología latinoamericana de la liberación. Esta ha sido una elite de pastores ilustrados, con lo bueno y lo malo que eso pueda tener.
Pero me estaba refiriendo a mi admiración por su verbo fluido y su pluma fácil. En estos días, cada presentación pública se ha hecho con pulcritud de estilo y, a la hora de escribir, todos lo hacen con facilidad, pese a las presiones del tiempo. El martes en la mañana se inició el trabajo de redacción y ayer jueves al medio día ya teníamos 86 páginas escritas con el primer borrador del documento final. Es verdad que hacen falta muchas revisiones y correcciones, pero ya se tiene algo formal que es la base del trabajo de los días siguientes. Pienso que el documento final será un libro de más o menos 150 páginas. Ayer, uno de los Presidentes anunció que su extensión podría ser una tercera parte del que se publicó en Puebla (1979).
Esta es una Iglesia cuyos jerarcas hablan bien, escriben rápido y piensan con cierta profundidad, pero ¿se saben comunicar? Una cosa es escribir bien, desde la perspectiva del que redacta, y otra entender lo que se ha escrito, desde la óptica del lector. Aquí estamos, ya no en el terreno del idioma, sino de la pastoral. En este momento, mientras los moderadores y relatores de los siete grupos salieron del aula para una reunión, los demás estamos escuchando reacciones al borrador del documento. Hace varios minutos habló Monseñor José Francisco Ulloa (Costa Rica) y le preguntó a la Asamblea cómo hacer para que el documento "no corra el riesgo de terminar en los archivos". Dijo que se admiraba con algunos párrafos tan "bellamente redactados", pero que creía que no iban a inspirar a la conversión. El obispo sugirió que cada capítulo se acompañe de "líneas pastorales novedosas". También habló la Licenciada Ana María Fons Martin, Directora Nacional de los Laicos, en Venezuela, y señaló la urgencia de decir las cosas y de vivir la vida de tal manera que la Iglesia "vuelva a re-encantar al mundo con Jesucristo para tener un encuentro con Él". Hay pues, preocupaciones con el documento, no por la propiedad del idioma, sino por su pertinencia pastoral.
Lo que hay que esperar que suceda aquí es lo que deberíamos esperar también en las demás iglesias y organizaciones cristianas interesadas en redactar líneas de acción pastoral: que la profundidad de la Verdad se escriba de manera sencilla, para que la sencillez del Evangelio se pueda vivir con verdadera profundidad. ¿Es esta una nueva forma de entender el viejo binomio entre ortodoxia y ortopráxis? Mientras tanto, aquí sigo, junto a tres Monseñores Castrellón Pizano (Colombia), Eguren (Perú) y Rueda (Colombia), y un el laico Daniel Casco (Paraguay) tratando de redactar el capítulo de juventud y niñez.
Harold