jueves, 24 de mayo de 2007

CON ALGO DE GREGORIANO Y MUCHO DE AMISTAD | Harold Segura

Aparecida, 24 de mayo de 2007

Hoy, como todos los días salimos del hotel a las 7:15 hs. para llegar a la Basílica quince minutos después. La celebración eucarística ---solemne, formal y con todos los adornos que una ocasión como esta ameritan--- se inicia a las 8:00 hs. !Cómo me hubiera gustado en mi infancia haber presenciado algo igual! Pero yo, católico de barrio ---fui católico hasta los dieciocho años--- lo máximo que logré fue una Misa de Gallo (¿se llamará así en todos los países a la celebración que se hace en la madrugada del Domingo de Resurrección?) y una que otra Misa solemne, en la ordenación de una monja amiga de mi mamá o en la muerte de un sacerdote amigo de mi papá. En cuanto a rangos jerárquicos, yo no pasé de monaguillo aficionado, en la Iglesia de San Francisco, de Cali, Colombia.

Desde las 7:30 a las 8:00 hs. hay tiempo para que los Cardenales, obispos, sacerdotes y diáconos, vayan al sótano, busquen sus vestiduras litúrgicas y se preparen para la procesión de ingreso. Todo en perfecto orden. Aquí no hay lugar para la improvisación. La casulla, el solideo (rojo o morado de acuerdo al rango) el palio, la estola, y el libro rojo de liturgia. En la Misa, también todo en orden. Rezos bien leídos, cantos gregorianos bien entonados, homilías escritas con anticipación, lectores pausados, cada cosa en su lugar y cada persona donde debe estar. Pareciera que lo hubieran ensayado muchas veces. Me pregunto, ¿cómo harán para lograr tanta perfección? Si a mi, cuando oficio uno que otro matrimonio solemne, siempre algo me falla. O al niño paje se le caen las argollas, o a la novia se le resbala el ramo, o al novio se le olvida lo que tiene que decir.
Una hora después, cuando termina la Misa, todos vamos al salón de reuniones. Otra vez volvemos al amplio sótano de la Basílica. Las vestimentas vuelven a su lugar y los participantes también al suyo. A propósito, el orden en el que nos sentamos corresponde al del rango y dignidad: Cardenales adelante, obispos en el medio, sacerdotes y religiosos un poco más atrás, y peritos y observadores muy atrás... periodistas, teólogos y biblistas asesores fuera del salón.
Ya en el aula, antes de iniciar los temas del programa, una oración escrita por Benedicto XVI para esta Conferencia. Durante el día hay cuatro sesiones de trabajo. Entre las sesiones las oraciones de rigor: a las 16:00 hs. quince minutos para la Hora Nona y a las 19:30 hs. media hora para Vísperas. En cada una no falta el canto gregoriano, los himnos de ritmo lento, las oraciones leídas, los salmos cantados y en la tarde una lectio divina.
En las sesiones de ayer miércoles y de hoy jueves nuestra tarea se ha concentrado en la redacción del primer borrador del documento final. Hay dieciséis pequeños grupos de trabajo, cada uno conectado a una de las siete Comisiones (una Comisión por cada uno de los siete capítulos del esquema acordado el lunes). La metodología es muy creativa y técnica, pero el tiempo para la producción de los textos es breve, lo cual ha incomodado a varios participantes que sienten que nos están pidiendo mucho y nos están dando poco tiempo. Lo cierto es que hoy jueves ya tenemos el primer borrador de todo el documento. Haremos una lectura y después, antes de terminar el día, se entregaran las observaciones personales.
Pero sigamos con lo que sucede cada día. La jornada termina a las 20:00 hs.; entonces regresamos al hotel. Todos son hoteles modestos. Nunca la ciudad pensó que un día iba a albergar a tan ilustres visitantes; lo digo por los Cardenales y Obispos. De modo que los cinco o seis hoteles bien podrían clasificarse no por estrellas (no creo que lleguen a dos o tres), sino por el número de Cardenales hospedados. Yo por ejemplo, estoy en un hotel "de tres Cardenales". Tanto el desayuno, como el almuerzo y la cena trascurren en amable camaradería. Se habla de todo y se ríe con facilidad. Es en las comidas, en el auto hacia el hotel, en las calles o en los pasillos donde el acercamiento ecuménico brota con facilidad. Siempre ha sido así, que el ecumenismo florece fácil cuando media la amistad.
(Paráfrasis de Juan 15:15: "Ya no nos llamaremos hermanos separados, sino amigos, porque el hermano separado no sabe lo que se dice de él cuando él no está; pero nos llamaremos amigos, porque confesamos a un mismo Padre, quien nos llama a escuchar su voz y a obedecerlo" )
Harold
Las notas pueden ser reproducidas..