domingo, 15 de julio de 2007

¿ECUMENISMO A PESAR DE TODO?

Los antiecuménicos de siempre y los antiecuménicos de ahora (que eran los ecuménicos de antes) se han unido en estos días para exponer, como trofeo de caza, los titulares publicados por los medios de comunicación a raíz del documento vaticano en el que se ratifica la antigua doctrina de que la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo. Alegan que ahora sí hay razones para suspender todo indicio de cooperación. Dicen que ahí está lo que faltaba para silenciar el diálogo y no hablar más de la Unidad.

Vayamos por partes. El Cardenal William Levada, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, firmó el pasado 29 de junio un documento titulado "Respuestas a cuestiones relativas a algunos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia" en el que se reafirma que Cristo "ha constituido en la tierra una sola Iglesia"; que "solamente en ella han permanecido todos los elementos instituidos por Cristo mismo", y que ella "es la única Iglesia de Cristo". Según el documento, a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI no se les debe conceder el título de "Iglesia" puesto que "no tienen sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden" y "no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico". En consecuencia, las comunidades evangélicas son comunidades cristianas, pero no Iglesias.

Se recuerda también que a las Iglesias Orientales sí se les llama "Iglesias". Ellas "tienen verdaderos sacramentos", "sucesión apostólica", "sacerdocio", y "Eucaristía". Por lo tanto, desde el Concilio Vaticano II "merecen el título de Iglesias particulares o locales, y son llamadas Iglesias hermanas de las Iglesias particulares católicas".

Si se me permite explicar el tema usando el argot futbolístico de estos días diré, entonces, que hay unas Iglesias que clasifican, otras que no entran ni "a los octavos de final" y una que se gana la Copa. Además, la que se gana la Copa, se la gana siempre y es, además, la que organiza el campeonato. Las comunidades evangélicas no entran a la final ni "por el sistema de repechaje", ni tienen derecho a "tiempo extra", ni mucho menos a tiros desde el punto penal (ya lo tuvieron en el siglo XVI y Lutero no quiso cobrarlos). No clasificaron por dictamen del árbitro (que, dicho sea de paso es el Director Técnico del equipo que siempre gana la Copa). Las Iglesias Orientales, por su parte, sí "pasaron"; jugaron la final y aunque la perdieron por varios goles en contra se llevaron un decoroso segundo lugar y merecen (es asunto de méritos) una Copa para alentar a sus seguidores. Por estos lados del fútbol ¿no será que comprendemos mejor los intríngulis de nuestras eclesiologías y se nos hacen menos amargas sus sentencias? No lo sé.

Entonces, una sola es la Iglesia (lo cual no es noticia nueva; ya nos lo habían recordado en la Dominus Iesus), algunas son Iglesias hermanas y otras Comunidades cristianas. El Cardenal Levada (el mismo de la Notificación en contra del padre Jon Sobrino), con la anuencia del Papa Benedicto XVI (su inmediato antecesor en la Sagrada Congregación), decidieron publicar estas respuestas con el ánimo de enseñar a los católicos y católicas que no hay por qué pensar que el Concilio Vaticano II se retractó de la doctrina de la Iglesia. Levada escribe para aclarar el "significado auténtico de algunas expresiones eclesiológicas que corren el peligro de ser tergiversadas en la discusión teológica". Y es bien sabido que muchos teólogos y teólogas católicos, inconformes con las declaraciones de su Magisterio, han procurado una hermenéutica más abierta para demostrar que el Vaticano II si fue más inclusivo y respetuoso con las demás expresiones de la fe cristiana. A estos es a quienes se les advierte ahora no seguir tergiversando la eclesiología.

Concuerdo con que estas declaraciones son inoportunas, impertinentes y lamentables (para algunos, fastidiosas). Estoy de acuerdo y acompaño ciertas voces de indignación, como las del Rev. Israel Batista, Secretario General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), también las emitidas por la Federación de Iglesias Evangélicas de España (FEREDE) y las de Georges Lemopoulos, Secretario Adjunto del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), entre muchas otras. También expreso mi solidaridad con centenares de católicos y católicas que han protestado contra el documento; estos son los que más sufren los desaciertos del Vaticano. Pero, así como concuerdo con los ofendidos (evangélicos) y me uno al lamento de los afectados (católicos), me pregunto: ¿Acaso no tiene cada fe el legítimo derecho a sus errores? y ¿quién ha dicho que los errores de unos deben ser recibidos como verdades para todos? Y ¿por qué ahora algunos evangélicos reaccionan como si su acreditación eclesiológica dependiera del magisterio católico? Y también me pregunto, ¿qué si la Iglesia Católica decidiera tomarse tan a pecho todas las descalificaciones y las ofensas teológicas —eclesiológicas, escatológicas, soteriológicas, pnumatológicas y otras tantas “ilógicas”— que se le han propinado por parte de muchas iglesias evangélicas? Porque, la verdad sea dicha: cuando algunos sectores evangélicos se refieren a la Iglesia Católica, lo hacen con una virulencia inusitada. Algunos improperios hacia el catolicismo no son nada comparables a los académicos y formales términos de exclusión que usa la Sagrada Congregación para las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma.

Si la Iglesia Católica reafirma que ella es la única Iglesia de Cristo y que los evangélicos no somos Iglesia, entonces quienes se deben preocupar (y ya lo están) son los mismos católicos y católicas. Es suya la Sagrada Congregación, es suyo el Cardenal Levada y suyo el Concilio de Trento y el Vaticano I (porque el Vaticano II es de todos). Una religiosa a quien aprecio y respeto me escribió en estos días diciendo: "Harold… yo no sé lo que pasa en el Vaticano... cuando creíamos que podíamos esperar vientos mejores, todo vuelve a lo antiguo, lo cerrado y lo autosuficiente". Y un laico católico compañero de Visión Mundial me escribió: "Harold, no comparto la declaración", y agrega que "este centralismo de Roma" es preocupante; lo califica de "poder arrogante".

Por eso, hoy me alarmo tanto por las acciones de la Iglesia Católica (en mi opinión inoportunas) como por las reacciones evangélicas (en mi opinión desentonadas). No se cuál de las dos es peor. Algunos evangélicos piden que nos levantemos y le digamos al mundo que somos auténtica Iglesia de Cristo. Y además, que dejemos todo intento de diálogo y no busquemos cooperar con quienes no reconocen ese auténtico carácter eclesial. ¡Como si el peregrinaje ecuménico a favor de la vida dependiera de este acuerdo! José Míguez Bonino, patriarca evangélico en la caminata ecuménica, se refería hace ya varios años a la necesaria "variedad en tensión" que nos condujera a una pastoral que tuviera en cuenta "los mecanismos normales de resolución... de conflictos" (1992). Sabia lección para atemperar las reacciones.

Entonces, ¿ecumenismo a pesar de todo? No; de ninguna manera. No creo que a pesar de todo, y mucho menos que se haga a cualquier precio, pero sí a pesar de estas diferencias doctrinales (muy antiguas, por cierto) a las cuales cada confesión tiene derecho. Afirmo la urgencia de un ecumenismo orientado a la vida (ecumenismo de misión), al servicio de las personas más necesitadas del mundo, comprometido con la paz y la justicia, dispuesto a dar testimonio del amor de Dios en el mundo. Y a mí, como al conocido teólogo belga George Casalis, "El futuro del ecumenismo no me interesa en lo más mínimo, si no lleva a pensar en primer lugar, en el futuro del ser humano y a trabajar a favor de ese futuro". Y es precisamente ese futuro el que está en peligro; no por las impertinencias de nuestras eclesiologías imperfectas, sino por las inclemencias de la exclusión social, la pobreza, la injusticia, el dolor y la muerte.

¿Podremos trabajar juntos en bien de la vida? El documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, dijo que eso era posible y, además, un camino irrenunciable: “La comprensión y la práctica de la eclesiología de comunión nos conduce al diálogo ecuménico. La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y misionero” (#227). Y yo, prefiero por ahora, aguardar con esperanza que esto se cumpla. Soy dueño de mi esperanza —terca, pero no ingenua— como otros de su fatiga y muchos de sus contradicciones.

21 comentarios:

Thiago Machado dijo...

Gracias Harold Segura por compartir esa perspectiva en eso articulo!!! Como cristianos y cristianas tenemos que marcar posicion y no perder nuestra Unidad.

Saludos desde Belo Horizonte,
Thiago Machado.

Harold dijo...

Thiago, es cierto, lo que no debemos perder es el compromiso con la arisca unidad de los que seguimos a Jesús.
Saludos,
Harold

Sarri dijo...

Leído con mucho gusto tu artículo, Harold, y comparto tu punto de vista que los cristianos tenemos que comprometernos, todos juntos, en implantar la justicia en el mundo

Harold dijo...

Sarri, agradezco tu comentario. La justicia debe estar en el centro del diálogo ecuménico; no veo otra forma de que católicos y evangélicos avancemos juntos.
Saludos,
Harold

Eduardo Flores G. dijo...

Querido hermano:
Quisiera que me pasaras algunas evaluaciones sobre el CELAM V.
Acá en Cochabamba - Bolivia estoy participando de un panel. Ahí expondré el enfoque ecuménico del Documento Conclusivo-
Eduardo Flores
edfloresgar@hotmail.com

Eduardo de la Serna dijo...

Gracias, Harold. Nos conocimos en Aparecida. Soy teólogo biblista católico, de Amerindia (argentino). Y me dio mucha alegría y consuelo tu artículo. Un abrazo. Eduardo de la Serna

Harold dijo...

Eduardo, lamento no tener aún una evaluación reposada ye escrita acerca del documento conclusivo. Con amabilidad la revista Christus, de México, me ha dado la oportunidad de escribir para ellos esa evaluación. Veremos si "el tiempo me da tiempo".
Un abrazo,
Harold

Harold dijo...

Eduardo (de la S), claro que te recuerdo y con mucho aprecio. Agradezco mucho tu saludo y me alegran las nuevas coincidencias.
Sincero abrazo (creo que estaré en BsAs a comienzos de septiembre. De pronto queda tiempo para un saludo).

Harold

aloisio dijo...

Soy sacerdote católico argentino, vengo siguiendo tus comentarios desde Aparecida, y concuerdo totalmente con tu artículo. Creo que, aunque hacen daño, este tipo de declaraciones acaban desacreditándose a sí mismas, y no son más que el intento por sostener posiciones "insostenibles". Gracias por tu claridad y caridad en el tratamiento de este tema.
Un abrazo desde Buenos Aires
Luis Espósito

Harold dijo...

Querido padre Luis, le agradezco mucho la amabilidad que ha tenido de seguir mis notas. Me alegra mucho la coincidencia en este tema. Debemos seguir caminando y haciendo camino al andar... para recordar a Machado.
Abrazo fraterno,
Harold

Anónimo dijo...

Siento ser la voz disidente, pero el que la iglesia Catolica exprese sinceramente cual es su verdadero pensamiento, el cual ha sido el de siempre, solo puede ser positivo. Sobre todo para necios como uds.
¿Unidad de quienes y para que?
¿No puedo tener amigos Catolicos ni ser respetuoso ni "tolerante" si no me alineo a sus ideales de eumenismo?
El ecumenismo solo sirve a la Iglesia Catolica. Uds representan al resto traidor y moribundo de lo que fue la Iglesia Protestante. Lutero se revuelca en su tumba.

Rebelion Protestante

Discípula Lúdica dijo...

Me sumo a los agradecidos por compartir su exposición del tema y sus opiniones. Este suele ser un tema delicado para muchos y pierde sentido si no se tienen claros los objetivos y la conciencia. Pero, ¿si no tengo amor? ¿qué soy?

Cariños desde Santiago de Chile
Mayo

Harold dijo...

Anónimo, hay buenas noticias: puedes tener amigos católicos, ser tolerante respetuso sin que tengas que "alinearte" a nuestros ideales ecumènicos. Tenerlos, de esa manera que propones, ya es tener ieales ecumènicos, aunque no necesariamentelos nuestros.
Sludos y gracias.
Harold

Harold dijo...

Discipula lúlida, gracias por recordar la centralid del amor. Sin amor, el encuentro interconfesional no es más que "tambor que hace bulla", diría el apóstol.
Gracias,
Harold

Néstor dijo...

La reconfirmación de la posición dogmática de la Iglesia Católica nos beneficia más de lo que nos puede perjudicar. ¿Acaso no se vive un ecumenismo mayor y más profundo entre los simples de la iglesia que entre las altas esferas, bien sean evangélicas o católicas, que ni siquiera conocen la praxis de los valores del Reino? La lucha por la justicia y el amor por los desventurados de este mundo cobran mayor sentido y levantan su voz en medio de semejante posición con el Dios de la vida.

eduardo de la Serna dijo...

Hola Harold:
si tienes que hacer un trabajo sobre Aparecida, hice 2 cuadros sinópticos: uno -93 págs.- destacando los cambios, quitas y añadidos entre las redactiones 2da, 3a y 4a y otro -50 pags.- comparando el texto de Aparecida y el texto que vino de Roma. Con gusto te lo comparto en cuyo caso deberías darme una dirección para que lo haga.

Harold dijo...

Eduardo, fabuloso tu trabajo. Muchas gracias por ofrecerlo. Lo puedes enviar a Harold_Segura@wvi.org
Mil gracias,
Harold

Harold dijo...

Néstor, comparto tu apreciación acerca de que lo mejor del encuentro entre católicos y evangélicos sucede en el calor de las comunidades.
La discusión eclesiológica, en este sentido, no es más que un debate teórico que no tiene por qué desanimar nuestras prácticas diarias.
Gracias,
Harold

Gotas dijo...

Definitivamente el único Ecumenismo válido es el Ecumenismo de Misión. Es mi oración que el Todopoderoso te use para que nuestro pueblo tenga claridad sobre este asunto.

Fraternal abrazo,

Daniel

Harold dijo...

Daniel, gracias por tu comentario. Yo creo que por el camino de la misión, el ecumenismo encuentra su verdadera razón de ser.
Harold

j.david cabrera dijo...

entoces viejo ja