sábado, 25 de agosto de 2007

EL DOCUMENTO DE APARECIDA, ¿DESAPARECIÓ?

San José, Agosto 25 de 2007
Los reclamos que se esperaban han llegado. Dicen que el documento final, es decir, la cuarta versión acordada el último día de la Quinta Conferencia (el jueves 31 de mayo antes del almuerzo) no es la misma que aprobó el Papa Benedicto XVI. Uno de los reclamos más sentidos proviene de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB). Opina un grupo de sus representantes reunidos en Santo Domingo que no se trata apenas de cambios en el documento, sino de "un cambio del documento". En un comunicado dirigido a los Obispos de América Latina y El Caribe dicen: "Nos entristece que el trabajo hecho por ustedes en Aparecida haya sido atropellado. Eso afecta el conjunto de la Iglesia Latinoamericana y Caribeña y, de modo especial, a las Comunidades Eclesiales de Base, anulando su identidad eclesial y su originalidad".

En lo que atañe a las CEB, la cuarta versión reconocía (#193) que "En la experiencia eclesial de América Latina y El Caribe, las Comunidades Eclesiales de Base con frecuencia han sido verdaderas escuelas que forman discípulos y misioneros del Señor". También que estaban "Arraigadas en el corazón del mundo", que eran "espacios privilegiados para la vivencia comunitaria de la fe, manantiales de fraternidad y de solidaridad, alternativa a la sociedad actual fundada en el egoísmo y en la competencia despiadada". Y no sólo se hacía este reconocimiento de su significado eclesial; también se hacía el siguiente compromiso (# 194): "Queremos decididamente reafirmar y dar nuevo impulso a la vida y misión profética y santificadora de las CEB, en el seguimiento misionero de Jesús. Ellas han sido una de las grandes manifestaciones del Espíritu en la Iglesia de América Latina y El Caribe después del Vaticano II".

Pero en el Documento Conclusivo (autorizado por el Papa el 29 de julio), aunque dedica varios números a las CEB, no usa el mismo tono afirmativo; por el contrario, alegan sus representantes, "se ha modificado la expresión de estima y la declaración de apoyo que Ustedes nos manifestaron... transformándose en advertencias y amonestaciones... ignorando el proceso de los últimos 25 años". Tenemos, entonces, que la celebración se convirtió en amonestación y la promoción en advertencia.

Uno de los más agudos críticos de este cambio de redacción es el sacerdote argentino Eduardo de la Serna. Al padre Eduardo tuve el gusto de conocerlo en Aparecida y de intercambiar algunas palabras con él en dos o tres ocasiones. Persona amable. Él formó parte del Grupo Amerindia, que ofreció asesoría teológica a varios obispos. Por esos día yo no sabía que este presbítero de la Diócesis de Quilmes era una de "las piedras en el zapato" de la Conferencia Episcopal Argentina y un avezado defensor de los movimientos eclesiales comprometidos con los sectores más pobres, además de primo lejano del emblemático Ernesto "Che" Guevara. De la Serna le ha escrito al ex-presidente del CELAM, Cardenal Francisco Javier Errázuriz acusándolo de "abuso de poder" y solicitándole "que los obispos pidan al Santo Padre la restitución de los textos como fueron emitidos desde Aparecida, salvo las evidentes correcciones de estilo".

El reglamento que recibimos los participantes el primer día de la Conferencia era claro en señalar que el Documento no sería oficial hasta cuando el Papa autorizará la versión conclusiva. Sobre este asunto nunca hubo dudas. Pero ahora se dice ---y esto es lo que ha generado más reclamos--- que los cambios no los hizo el Vaticano, sino la Comisión de Redacción junto con la Presidencia de la Conferencia. Todo parece indicar que así fue. Benedicto XVI leyó el documento y lo autorizó, sin más. De modo que no fue allá donde ocurrió "la transmutación" sino aquí. "No hay cuña que más apriete que la de su propio palo", decía mi abuela María.

Además de los obvios cambios de redacción y de estilo hay cuarenta párrafos alterados, según el detallado registro del teólogo chileno Ronaldo Muñoz (también integrante del Grupo Amerindia y asesor en Aparecida). Dice el padre Muñoz "A veces, el cambio consiste en una censura (se elimina una palabra o una frase, o una parte más larga del párrafo en cuestión). Otras veces, es una interpolación (se intercala algo ajeno al original). O bien, consiste en ambas cosas a la vez (se reemplaza una cosa por otra)".

Pero, padre Rolando (desde aquí mi saludo y el cariño de siempre), con el respeto que le tengo a usted y a los demás católicos y católicas que se han sumado al reclamo (además de respeto, tengo pública simpatía), permítame opinar que si esos cambios que se hicieron "a última hora" fueran considerados de nuevo por el plenario de los obispos, ellos los aprobarían con aplausos. Ese documento "adulterado" sí representa, y muy bien, a la mayoría de los obispos que tuvieron voz y voto en la Conferencia. De eso no me queda la menor duda.

Aunque ni usted ni nuestros amigos y amigas de Amerindia participaron en las deliberaciones (cuánto me hubiera gustado verlos en ellas), conocen muy bien la orientación pastoral y teológica de los obispos que estuvieron en la Asamblea. Sus reclamos (aceptables, válidos y ciertos) son los reclamos de "otra Iglesia", la que denuncia sin mirajes las falacias del neoliberalismo, la que dialoga ecuménicamente sin tantas reservas, la que lee la realidad desde la óptica de los más pobres, la que celebra la cristología de Sobrino sin que le importe las notificaciones del Cardenal Levada, la que lee la Biblia en las comunidades atendiendo a lo que ella dice antes que a lo que ha dicho el Magisterio, la que sigue soñando con Medellín (1968) y teniendo pesadillas con Aparecida; la que no entró a las sesiones de Aparecida (no olvidemos que entró la cúpula eclesiástica) pero que ahora reclama por lo que desapareció.

Lo que desapareció, nunca estuvo (por lo menos en el corazón de todos los obispos), o estuvo por un momento (habría que hacer el análisis comparativo de las cinco versiones del documento para darse cuenta de esto). Más del 85% del documento quedó intacto. Esto también es cierto y debe decirse. Y sobre la base de lo que sí apareció hay esperanza para seguir caminando juntos y para celebrar la fe común que nos ha unido. "De la esperanza vive el cautivo", decía mi abuelo Joaquín.

Harold

jueves, 9 de agosto de 2007

!NO SOY ECUMÉNICO!, por favor, no me ofendan

En junio del 2006 se celebró en Buenos Aires, para más señas, en el centro cultural más importante de la ciudad, el Luna Park, un encuentro de la Comunión Renovada de Evangélicos y Católicos en el Espíritu Santo, CRECES. Encuentros como estos son cada vez más comunes, en los que católicos y católicas del movimiento carismático, se reúnen en un mismo lugar con evangélicos y evangélicas pentecostales para celebrar su experiencia de fe. Cantan, oran, predican, danzan y celebran con alborozo la dicha del Espíritu. Allí no valen las prevenciones de los obispos ni las advertencias de los pastores. Se reúnen, y punto; con o sin los obispos, con o sin los pastores.

Lo nuevo en esa ocasión fue la presencia de Marcos Witt, el conocido músico cristiano. Cantó y encantó. Era fácil ganarse la simpatía de un auditorio repleto de entusiasmo. Siete mil personas estuvieron aquella noche, incluso el cardenal Jorge Bergoglio, de Buenos Aires, quien recibió de rodillas la bendición de los presentes. El inconveniente vino después y fue para el músico mexicano cuando un periodista chileno escribió un artículo con el título "Marcos Witt y el ecumenismo: Quiero caminar por esta vereda diferente" (a mí, la última frase me suena a bolero cubano). El periodista "culpó" a Witt de ecuménico, y éste contraatacó diciendo que la noticia era amarillista. En la carta de respuesta escribió que se había cometido un grave error al anunciar que había cambiado de "rumbo ministerial hacia un ecumenismo eclesiástico, cosa que no puede ser más lejos de la verdad". Y añadió: "soy cristiano, evangélico y firme seguidor de Jesucristo. El hecho de que alguien cuestione eso no es solamente ilógico, sino ofensivo”.

Me pregunto, ¿será que Witt no sabe lo que significa ser ecuménico? Parece que no, porque miren ustedes como usa la palabra ecumenismo como antónimo de cristiano y de seguidor de Jesús. Es seguro que no conoce lo que eso significa puesto que se siente ofendido con el calificativo y aclara que sólo quiso "actuar con respeto y apelando al diálogo y a la comprensión".

Pero seamos sinceros. La mayoría de evangélicos y evangélicas —por lo menos por estas tierras de Colón— huyen, se asustan y les produce pánico paralizante la palabreja "ecumenismo". Es cierto. En años pasados ser ecuménico era sinónimo de ser comunista (y esta última palabra no sólo produjo susto, sino que condujo a la persecución y a la “caza de herejes”); después pasó a significar ser teólogo de la liberación (aunque la verdad es que muchos de ellos no fueron los más ecuménicos); ahora resulta que significa ser un traidor a la causa Jesús y dejar de ser “embajador evangélico del Cuerpo de Cristo”.

Mi vieja profesora de castellano nos enseñaba la diferencia entre significado y significante. Decía ella que el significante es el contenido semántico de la palabra y lo que de ella se dice en el diccionario, y el significado la representación psíquica que produce el mismo término. Para nuestro caso, una cosa es lo que el diccionario dice acerca del ecumenismo (significante) y otra la que nos produce la palabra ecumenismo (significado) en el lenguaje corriente de nuestras iglesias. Veamos: el origen de la palabra ecumenismo proviene del griego oikoumene que significa “habitar”. Es, en su sentido literal, “la tierra habitada”. Está relacionada con una forma de concepción del mundo de manera amplia, universal, donde hay un lugar para que todos. En su sentido de “tierra habitada” se usa en el Salmo 24:1, en Lucas 4:5, en Hechos 11:28 y en Romanos 10:18, entre otros. En la tradición cristiana, de manera particular desde comienzos del siglo pasado, el ecumenismo designa las relaciones amistosas entre las diferentes Iglesias, la comunión fraternal entre los cristianos y cristianas y la búsqueda de caminos comunes para servir al mundo en el nombre de Jesús. Hasta aquí el significante; pero es diferente “la representación psíquica” que produce el término —¡que nos ayude Freud!—.

Reconozco que el término, en su significado, es ambiguo y resbaloso. Con razón cayó Marcos Witt (“cualquiera resbala y cae”). Dijo que no era ecuménico (lo fue por una noche), que eso lo ofendía, pero al mismo tiempo expresó que quería ser respetuoso, dialogante y comprensivo. Es decir, quiere ser ecuménico (desconozco con qué profundidad y por cuántas noches), pero sin que lo llamen ecuménico. ¡He ahí el embrollo!. Y yo, para mis adentro, pienso: me quedo con quienes de corazón quieran ser abiertos, generosos, se atrevan a dialogar y se arriesguen a trabajar juntos, aunque se ofendan cuando los llamen ecuménicos. Digo que prefiero a estos sobre algunos que por años han pedido que los llamemos ecuménicos (y hasta se ofenden cuando se les llama evangélicos), pero que en la vida diaria han dado muestras de estrechez y de falta de diálogo; los que en la práctica han hecho del ecumenismo una muralla de puerta cerrada con territorios propios para sus luchas de poder.

“Cuídese, Harold”, me decía un obispo en Aparecida, Brasil. “Entre nosotros hay muchos que se llaman ecuménicos, pero no lo son”. “Ya lo se, Monseñor”, le respondí, “es igual entre los nuestros”.

De los que se llaman ecuménicos sin serlo, ¡Líbranos, Señor! que de los que quieren serlo, aunque no les guste que les digan lo son, me libro yo. Líbrame, Señor, de los significados insignificantes. Ayúdame a trabajar con todos por los insignificantes del mundo. Amén.

Harold

jueves, 19 de julio de 2007

UN AMIGO SERÁ SIEMPRE UN HERMANO

Ayer en la tarde tuve el gusto de visitar en su despacho de la Conferencia Episcopal de Costa Rica a su Presidente, Monseñor José Francisco Ulloa, Obispo Diocesano de Cartago. Fue muy amable; tanto como lo fueron los demás Obispos durante las tres semanas en Aparecida, Brasil. Sea este el momento para reconocer la generosidad con la que nos trataron a los observadores evangélicos.

Al Obispo lo encontré el sábado pasado en el aeropuerto de Panamá cuando él regresaba de La Habana después de concluir la XXXI Asamblea del CELAM, y yo de Curitiba, Brasil, de una reunión de trabajo. Monseñor Ulloa venía acompañado del Obispo de Puntarenas, Fernández Guillen. Yo venía con mi esposa. En esto de quién acompaña a quien también se notan las diferencias confesionales entre los pastores católicos y nosotros los pastores evangélicos. El celibato nos diferencia desde 1139 cuando el Papa Inocencio II decretó el celibato obligatorio para todos los sacerdotes, Claro, este tema no fue precisamente el que escogimos para conversar.

Hablamos de la Conferencia de Aparecida (experiencia grata para ambos), de Visión Mundial Internacional y de mi responsabilidad con ella (coincidimos en la necesidad de trabajar a favor de los más pobres) y del reciente documento de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (con el cual, como es de suponer, diferimos). En la lógica doctrinal de un prelado católico no puede haber más que lealtad al Magisterio de su Iglesia y apego a sus doctrinas. La Iglesia es la Iglesia y sólo resta la esperanza de que las comunidades eclesiásticas un día vuelvan a ella, cual ovejas descarriadas al redil (el conocido ecumenismo de retorno). Él no lo expresó en esos términos (la conversación fue muy cordial y amistosa), pero lo que dijo era suficiente para que se captara el mensaje.

Pero esto no fue lo más importante de nuestro encuentro; sólo lo reseño por la actualidad del tema. Lo que en realidad importó fue la acogida generosa que me ofreció Monseñor Ulloa. Es una persona cálida y sincera. Me regaló el libro "La palabra social de los Obispos costarricenses (1893-2006)", yo le entregué mi "Más allá de la utopía. Liderazgo de servicio y espiritualidad cristiana". Me dijo que lo leería. Le prometí lo mismo con su obsequio. Nos animamos a seguir hablando de cómo promover la unidad en las diferencias y considerar vías de cooperación para trabajar por los más pobres de Costa Rica. !Razones hubo para salir agradecido! La unidad entre los hermanos es más fácil cuando existe la calidez de los amigos; allí donde las doctrinas distancian y condenan, el factor humano acerca y redime. Recuerdo ahora a Demetrio de Falera (siglo III AC) quien decía que "un hermano puede no ser un amigo, pero un amigo será siempre un hermano". Así es.

Harold

domingo, 15 de julio de 2007

¿ECUMENISMO A PESAR DE TODO?

Los antiecuménicos de siempre y los antiecuménicos de ahora (que eran los ecuménicos de antes) se han unido en estos días para exponer, como trofeo de caza, los titulares publicados por los medios de comunicación a raíz del documento vaticano en el que se ratifica la antigua doctrina de que la Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo. Alegan que ahora sí hay razones para suspender todo indicio de cooperación. Dicen que ahí está lo que faltaba para silenciar el diálogo y no hablar más de la Unidad.

Vayamos por partes. El Cardenal William Levada, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, firmó el pasado 29 de junio un documento titulado "Respuestas a cuestiones relativas a algunos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia" en el que se reafirma que Cristo "ha constituido en la tierra una sola Iglesia"; que "solamente en ella han permanecido todos los elementos instituidos por Cristo mismo", y que ella "es la única Iglesia de Cristo". Según el documento, a las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma del siglo XVI no se les debe conceder el título de "Iglesia" puesto que "no tienen sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden" y "no han conservado la auténtica e íntegra sustancia del Misterio eucarístico". En consecuencia, las comunidades evangélicas son comunidades cristianas, pero no Iglesias.

Se recuerda también que a las Iglesias Orientales sí se les llama "Iglesias". Ellas "tienen verdaderos sacramentos", "sucesión apostólica", "sacerdocio", y "Eucaristía". Por lo tanto, desde el Concilio Vaticano II "merecen el título de Iglesias particulares o locales, y son llamadas Iglesias hermanas de las Iglesias particulares católicas".

Si se me permite explicar el tema usando el argot futbolístico de estos días diré, entonces, que hay unas Iglesias que clasifican, otras que no entran ni "a los octavos de final" y una que se gana la Copa. Además, la que se gana la Copa, se la gana siempre y es, además, la que organiza el campeonato. Las comunidades evangélicas no entran a la final ni "por el sistema de repechaje", ni tienen derecho a "tiempo extra", ni mucho menos a tiros desde el punto penal (ya lo tuvieron en el siglo XVI y Lutero no quiso cobrarlos). No clasificaron por dictamen del árbitro (que, dicho sea de paso es el Director Técnico del equipo que siempre gana la Copa). Las Iglesias Orientales, por su parte, sí "pasaron"; jugaron la final y aunque la perdieron por varios goles en contra se llevaron un decoroso segundo lugar y merecen (es asunto de méritos) una Copa para alentar a sus seguidores. Por estos lados del fútbol ¿no será que comprendemos mejor los intríngulis de nuestras eclesiologías y se nos hacen menos amargas sus sentencias? No lo sé.

Entonces, una sola es la Iglesia (lo cual no es noticia nueva; ya nos lo habían recordado en la Dominus Iesus), algunas son Iglesias hermanas y otras Comunidades cristianas. El Cardenal Levada (el mismo de la Notificación en contra del padre Jon Sobrino), con la anuencia del Papa Benedicto XVI (su inmediato antecesor en la Sagrada Congregación), decidieron publicar estas respuestas con el ánimo de enseñar a los católicos y católicas que no hay por qué pensar que el Concilio Vaticano II se retractó de la doctrina de la Iglesia. Levada escribe para aclarar el "significado auténtico de algunas expresiones eclesiológicas que corren el peligro de ser tergiversadas en la discusión teológica". Y es bien sabido que muchos teólogos y teólogas católicos, inconformes con las declaraciones de su Magisterio, han procurado una hermenéutica más abierta para demostrar que el Vaticano II si fue más inclusivo y respetuoso con las demás expresiones de la fe cristiana. A estos es a quienes se les advierte ahora no seguir tergiversando la eclesiología.

Concuerdo con que estas declaraciones son inoportunas, impertinentes y lamentables (para algunos, fastidiosas). Estoy de acuerdo y acompaño ciertas voces de indignación, como las del Rev. Israel Batista, Secretario General del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), también las emitidas por la Federación de Iglesias Evangélicas de España (FEREDE) y las de Georges Lemopoulos, Secretario Adjunto del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), entre muchas otras. También expreso mi solidaridad con centenares de católicos y católicas que han protestado contra el documento; estos son los que más sufren los desaciertos del Vaticano. Pero, así como concuerdo con los ofendidos (evangélicos) y me uno al lamento de los afectados (católicos), me pregunto: ¿Acaso no tiene cada fe el legítimo derecho a sus errores? y ¿quién ha dicho que los errores de unos deben ser recibidos como verdades para todos? Y ¿por qué ahora algunos evangélicos reaccionan como si su acreditación eclesiológica dependiera del magisterio católico? Y también me pregunto, ¿qué si la Iglesia Católica decidiera tomarse tan a pecho todas las descalificaciones y las ofensas teológicas —eclesiológicas, escatológicas, soteriológicas, pnumatológicas y otras tantas “ilógicas”— que se le han propinado por parte de muchas iglesias evangélicas? Porque, la verdad sea dicha: cuando algunos sectores evangélicos se refieren a la Iglesia Católica, lo hacen con una virulencia inusitada. Algunos improperios hacia el catolicismo no son nada comparables a los académicos y formales términos de exclusión que usa la Sagrada Congregación para las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma.

Si la Iglesia Católica reafirma que ella es la única Iglesia de Cristo y que los evangélicos no somos Iglesia, entonces quienes se deben preocupar (y ya lo están) son los mismos católicos y católicas. Es suya la Sagrada Congregación, es suyo el Cardenal Levada y suyo el Concilio de Trento y el Vaticano I (porque el Vaticano II es de todos). Una religiosa a quien aprecio y respeto me escribió en estos días diciendo: "Harold… yo no sé lo que pasa en el Vaticano... cuando creíamos que podíamos esperar vientos mejores, todo vuelve a lo antiguo, lo cerrado y lo autosuficiente". Y un laico católico compañero de Visión Mundial me escribió: "Harold, no comparto la declaración", y agrega que "este centralismo de Roma" es preocupante; lo califica de "poder arrogante".

Por eso, hoy me alarmo tanto por las acciones de la Iglesia Católica (en mi opinión inoportunas) como por las reacciones evangélicas (en mi opinión desentonadas). No se cuál de las dos es peor. Algunos evangélicos piden que nos levantemos y le digamos al mundo que somos auténtica Iglesia de Cristo. Y además, que dejemos todo intento de diálogo y no busquemos cooperar con quienes no reconocen ese auténtico carácter eclesial. ¡Como si el peregrinaje ecuménico a favor de la vida dependiera de este acuerdo! José Míguez Bonino, patriarca evangélico en la caminata ecuménica, se refería hace ya varios años a la necesaria "variedad en tensión" que nos condujera a una pastoral que tuviera en cuenta "los mecanismos normales de resolución... de conflictos" (1992). Sabia lección para atemperar las reacciones.

Entonces, ¿ecumenismo a pesar de todo? No; de ninguna manera. No creo que a pesar de todo, y mucho menos que se haga a cualquier precio, pero sí a pesar de estas diferencias doctrinales (muy antiguas, por cierto) a las cuales cada confesión tiene derecho. Afirmo la urgencia de un ecumenismo orientado a la vida (ecumenismo de misión), al servicio de las personas más necesitadas del mundo, comprometido con la paz y la justicia, dispuesto a dar testimonio del amor de Dios en el mundo. Y a mí, como al conocido teólogo belga George Casalis, "El futuro del ecumenismo no me interesa en lo más mínimo, si no lleva a pensar en primer lugar, en el futuro del ser humano y a trabajar a favor de ese futuro". Y es precisamente ese futuro el que está en peligro; no por las impertinencias de nuestras eclesiologías imperfectas, sino por las inclemencias de la exclusión social, la pobreza, la injusticia, el dolor y la muerte.

¿Podremos trabajar juntos en bien de la vida? El documento conclusivo de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, reunida en Aparecida, dijo que eso era posible y, además, un camino irrenunciable: “La comprensión y la práctica de la eclesiología de comunión nos conduce al diálogo ecuménico. La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y misionero” (#227). Y yo, prefiero por ahora, aguardar con esperanza que esto se cumpla. Soy dueño de mi esperanza —terca, pero no ingenua— como otros de su fatiga y muchos de sus contradicciones.

lunes, 4 de junio de 2007

6 de junio: Chat con Harold Segura


El próximo miércoles (6 de junio) a las 22:00 horas (hora española) Harold Segura mantendrá un diálogo en torno al CELAM en LUPACHAT. ¡Regístrate ahora mismo!

viernes, 1 de junio de 2007

Ayer fue la última entrega desde Aparecida. Gracias. ¿Desea ver unas fotografías? | Harold Segura



(1) Ya estoy de nuevo en Costa Rica. Desde aquí les envié la última de las notas acerca de la V Conferencia del Episcopado. Les agradezco la amabilidad que tuvieron de seguir las crónicas y de compartir conmigo esta experiencia. Hice lo que a mi me hubiera gustado que hicieran conmigo si yo no hubiera estado en Aparecida. Por eso, además de las notas tomé fotos de las cuales les comparto 20 que pueden ver aquí: http://picasaweb.google.com/harold.segura/VConferenciaEpiscopal?authkey=4UvGWVtvLM8


(2) Espero escribir unas breves notas más con asuntos que no traté y con comentarios del texto final que expedirá el Papa. Esas notas aparecerán en el Blog de LUPAPROTESTANTE en esta dirección: http://www.desdeaparecida.blogspot.com/ Aquí tiene acceso también a todas las crónicas publicadas en los días anteriores.

Si desea recibir información del Blog cada que se publique algo nuevo y de otros recursos publicados por LUPAPROTESTANTE, puede inscribirse aquí: http://www.lupaprotestante.es/suscribir.php

(3) Y por último, este miércoles 6 de junio tendremos en LUPAPROTESTANTE dos horas para un diálogo-chat con quienes deseen conversar sobre Aparecida. Será a partir de las 14:00 hs., hora de Costa Rica (15:00 hs de Colombia, las 17:00 hs de Brasil y las 22:00 hs. en España) Si desea participar debe inscribirse aquí: http://www.lupaprotestante.es/lupachat/
De nuevo, gracias y feliz fin de semana.


Harold

APARECIDA APENAS COMIENZA | Harold Segura

Aparecida, 31 de mayo de 2007


Hoy jueves terminó la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Sólo faltaban los actos protocolarios de clausura, la Misa final y un almuerzo en el Seminario Mayor de Aparecida, allí donde pasó una noche Benedicto XVI durante su reciente visita. El Mensaje Final fue aprobado ayer y su lectura formó parte del programa de clausura. Su lectura estuvo a cargo del Cardenal Julio Terrazas Sandoval (Bolivia). Al final de esta nota adjunto el texto completo que, como lo intuí al comienzo de la semana, ha gustado mucho a los progresistas (liberacionistas) y poco a los del ala tradicional. También se aprobó la cuarta redacción del Documento Final. A éste último se le hará una nueva revisión antes de enviarlo al Papa para su aprobación definitiva. La versión de ayer sigue siendo "no oficial". De modo que la definitiva estará disponible para el público a mediados de julio, según parece.



Se esperaba que la Comisión de Redacción haría nuevos cambios; y así fue. La nueva versión tiene diez capítulos (la anterior tenía ocho); algunos temas cambiaron de lugar; se introdujeron algunos temas nuevos; se ampliaron otros; en fin, se mantuvo el enfoque central de la penúltima versión, pero con algunos cambios significativos. Mi buen amigo, el Padre Lauren Fernández, Director de la Fundación Verbo Divino, en Quito, Ecuador, opina que este nuevo documento, con sus más de cien páginas, "se parece a un gran campo que produce toda clase de plantas" y que necesitaremos trabajar mucho para "encontrar los frutos apropiados, o las perlas escondidas en ese campo". ¿Quiéren conocer el nuevo índice?

INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA VIDA DE NUESTROS PUEBLOS HOY
CAPÍTULO 1: LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
1.1 Acción de gracias a Dios
1.2 La alegría de ser discípulos y misioneros de Jesucristo
1.3 La misión de la Iglesia es evangelizar

CAPÍTULO 2: MIRADA DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS SOBRE LA REALIDAD
2.1 La realidad que nos interpela como discípulos y misioneros
2.2 Situación de nuestra Iglesia en esta hora histórica de desafíos

SEGUNDA PARTE: LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCÍPULOS MISIONEROS CAPÍTULO 3: LA ALEGRÍA DE SER DISCÍPULOS MISIONEROS PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO DE JESUCRISTO
3.1 La buena nueva de la dignidad humana
3.2 La buena nueva de la vida
3.3 La buena nueva de la familia
3.4 La buena nueva de la actividad humana:
3.5 La buena nueva del destino universal de los bienes y ecología
3.6 El continente de la esperanza y del amor

CAPÍTULO 4: LA VOCACIÓN DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS A LA SANTIDAD
4.1 Llamados al seguimiento de Jesucristo
4.2 Configurados con el Maestro
4.3 Enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida
4.4 Animados por el Espíritu Santo

CAPÍTULO 5: LA COMUNIÓN DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS EN LA IGLESIA
5.1 Llamados a vivir en comunión
5.2 Lugares eclesiales para la comunión
5.3 Discípulos misioneros con vocaciones específicas
5.4 Los que han dejado la Iglesia para unirse a otros grupos religiosos
5.5 Diálogo ecuménico e interreligioso

CAPÍTULO 6: EL ITINERARIO FORMATIVO DE LOS DISCÍPULOS MISIONEROS
6.1 Una espiritualidad trinitaria del encuentro con Jesucristo
6.2 El proceso de formación de los discípulos misioneros
6.3 Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente
6.4 Lugares de formación para los discípulos misioneros

TERCERA PARTE: LA VIDA DE JESUCRISTO PARA NUESTROS PUEBLOS
CAPÍTULO 7: LA MISIÓN DE LOS DISCÍPULOS AL SERVICIO DE LA VIDA PLENA
7.1 Vivir y comunicar la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos
7.2 Conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades
7.3 Nuestro compromiso con la misión ad gentes

CAPÍTULO 8: REINO DE DIOS Y PROMOCIÓN DE LA DIGNIDAD HUMANA
8.1 Reino de Dios, justicia social y caridad cristiana
8.2 La dignidad humana
8.3 La opción preferencial por los pobres y excluidos
8.4 Una renovada pastoral social para la promoción humana integral
8.5 Globalización de la solidaridad y justicia internacional
8.6 Algunos rostros sufrientes que nos duelen

CAPÍTULO 9: FAMILIA, PERSONAS Y VIDA
9.1 El matrimonio y la familia
9.2 Los niños
9.3 Los jóvenes
9.4 El bien de los adultos mayores
9.5 La dignidad y participación de las mujeres
9.6 La responsabilidad del varón y padre de familia
9.7 La cultura de la vida y su defensa
9.8 El cuidado del medio ambiente

CAPÍTULO 10: NUESTROS PUEBLOS Y LA CULTURA
10.1 La cultura y su evangelización
10.2 La educación como bien público
10.3 Pastoral de la Comunicación Social
10.4 Nuevos areópagos y centros de decisión
10.5 Discípulos y misioneros en la vida pública
10.6 La Pastoral Urbana
10.7 Al servicio de la unidad y de la fraternidad de nuestros pueblos
10.8 La integración de los indígenas y afrodescendientes
10.9 Caminos de reconciliación y solidaridad

CONCLUSION


Como dice el Padre Lauren, en este gran campo, buscando, se podrán encontrar buenos frutos, entre ellos el del diálogo y la cooperación ecuménica. En muchos sentidos, Aparecida apenas comienza.
Harold